y salió al paso del papamovil en Río de Janeiro.
El Papa permitió que el niño subiera al vehículo y el pequeño le confesó, estremecido por el llanto, que quería ser sacerdote. "Voy a rezar por tí pero te pido que reces por mí. A partir de hoy tu vocación
se ha concretado", le dijo el Papa, quien le hizo la señal de la cruz en la frente, lo abrazó fuerte y se
despidió de él, con lágrimas en los ojos.

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